Querida parroquia
aestiana:
Hace ya varios meses que recibí el primer número de la revista, y mentiría
como una bellaca si dijera que no me gustó. Lo he visto como un medio muy útil de
comunicación, no sólo entre nosotros, sino también con otras asociaciones; además de
ser fuente de información sobre problemas que nos afectan a todos en relación con la
superdotación intelectual, seamos padres o "afectados", si me permitís la
expresión.
Uno de los principales problemas con que nos enfrentamos todos los que
estamos metidos (voluntaria o forzosamente) en este mundillo es la falta de información.
El público en general identifica a los superdotados como los "empollones" de la
clase, redichos, repelentes y "sabelotodos". No es de extrañar que a estas
personas les moleste que se dediquen ayudas con este fin, ya que perciben como una
"injusticia" el que se apoye a los que ya son "unos privilegiados". Lo
que no saben es que el "privilegio" de tener una inteligencia elevada conlleva
la marginación por parte de los compañeros desde que se es muy pequeño, la
incomprensión, el aburrimiento por falta de estímulos adecuados y muchas cosas más.
Nuestra revista puede convertirse, por tanto, en el vehículo que haga que estas personas
abran los ojos a una realidad que no pueden -o no quieren- ver.
Si el pisar la luna fue "un paso de gigante para la humanidad", la
revista de la AEST es "un paso adelante para nuestra colectividad". Ahora, de
nosotros depende el seguir andando.
Kira J. Fernández. |