Hablan los padres
La familia en la
educación de los
niños superdotados
Hoy
día son cada vez más las voces que hacen énfasis en la necesidad de apoyo y
orientación a las familias que tienen un hijo/a superdotado/a. También insisten en que
somos los padres de estos niños los principales responsables de la superdotación de
nuestros hijos.
Tanto desde nuestra experiencia personal de padres de un niño superdotado,
como de la compartida con otros padres y
madres de niños de estas características, la atención que
les prestamos es indudablemente grande en cantidad y calidad, sabemos y
sentimos que necesitan atención especial; también sabemos y padecemos, en la persona de
nuestros hijos/as, las pocas ayudas de que disponemos tanto a nivel escolar como de las
instituciones públicas, ello explica la enorme proliferación de asociaciones como la
nuestra aparecidas en los últimos años.
El que seamos los principales responsables de nuestros hijos/as y de su superdotación no
exime a las autoridades ni a la sociedad de sus propias responsabilidades (que
significarían ayudas reales) tanto
para los niños/as como para sus padres.
Si bien ya hay un marco legal para la atención de estos niños/as, es insuficiente, como
tampoco es suficiente la oferta escolar ni la preparación que tienen los profesores,
tutores, orientadores y psicólogos, en general, sobre esta problemática concreta que
creo debiera ser asignatura obligatoria en las licenciaturas universitarias que
tengan que ver con el tema que nos ocupa.
Sin embargo, dada la insistencia y el énfasis puesto en la importancia (importancia con
la que estoy de acuerdo) que tenemos nosotros, los padres, en la educación específica de
nuestros hijos superdotados, quisiera plantear aquí algunas cuestiones al respecto.
¿POR QUÉ NECESITAN UNA EDUCACIÓN ESPECIAL NUESTROS HIJOS?
Una educación y atención especial es aquella que no se presta a otros niños o a sus
hermanos porque no la necesitan.
Quizá podríamos pensar que necesitan una atención especial para que no tengan
problemas; quizá podríamos pensar que, dada su alta inteligencia, hay que
educarles de una manera especial para que el día de
mañana puedan contribuir al progreso de la
humanidad, o para el progreso económico y social
propio.
Después de leer distintas respuestas, os expongo la que más me ha convencido:
"Necesitan una educación y atención especial porque es una necesidad y
un derecho del niño/a, y, es una necesidad, porque aprenden de forma
diferente y más rápida que
otros niños/as y si se les niega la educación que necesitan no tendrán la oportunidad
de desarrollarse de una forma óptima, que es lo que debe perseguir la
educación: optimizar el desarrollo del niño/a para que el día de mañana, como
adulto, pueda elegir su propia existencia.
NO SE TRATA DE HACER ADULTOS EXCEPCIONALES, SINO FELICES.
Muchos de estos niños tienen un grado de incapacidad o de problemas ante la relación
social, y, también, un grado de insatisfacción respecto a la oferta educativa normal; es
aquí donde comienzan a surgir los problemas que les obligan a una laboriosa y larga
adaptación al mundo y a la realidad en que vivimos.
Me pregunto: ¿adaptarse es someterse? ¿es necesario cambiar al niño/a? creo que no, que no hay que cambiar al niño/a.
Si adaptarse es someterse, significaría:
a) que el niño/a está al servicio de la oferta educativa (muchas veces a nuestros
hijos/as les sucede eso) en lugar de estar, la misma, a su servicio.
b) que tendría que cumplir las expectativas uniformizantes o clónicas que los demás
esperásemos de él/ella.
Adaptarse no es someterse sino colaborar e influir personalmente en todo aquello que
se encuentra valioso.
Sucede, a veces, que los padres ante el desconocimiento y la dificultas que presenta la
superdotación tomamos una postura pasiva inclinándonos a dejar el tema en manos de los
especialistas quedando, de esta manera, a su merced.
Sin embargo los padres podemos proporcionar, entre otras muchas cosas, modelos apropiados
de comportamiento a nuestros hijos/as colaborando así con los esfuerzos de los
profesionales.
Sabemos que un niño/a superdotado afronta la realidad con una inteligencia potencial de
un adulto, pero a su vez, la percibe y la sufre con la afectividad de un niño/a de su
misma edad real. Sabemos que es, en esta situación, donde se da el desfase central, el
problema vital y clave de estos niños, y es donde tienen su cruz más profunda, es ahí
donde es imprescindible que estemos nosotros, los padres; nuestro afecto y comprensión
les ayudará a mitigar su soledad y a afrontar las dificultades.
Por otro lado, unos padres bien informados podríamos ser la mejor defensa de nuestro
hijo/a.
Por si le sirve a alguno/a mi experiencia principal es que cuando los padres estamos
alegres y con expectativas positivas, resultan ser actitudes muy sanadoras para nuestros
hijos porque la alegría es contagiosa y les ayuda a relativizar lo que, en ese momento,
les "aprieta".
Os ofrezco una pequeña historia que me encantó y me ayuda:
«Un discípulo comprobaba a diario, con extrañeza, cómo
su maestro estaba siempre sonriente y feliz. Intrigado, le preguntó:
-Venerable maestro, ¿cómo es que siempre se te ve tan contento y
satisfecho?
El maestro le respondió:
-Amigo mío, no hay nada de extraño en ello. Cada mañana, al despertar, me
pregunto a mí mismo: ¿qué elijo hoy, alegría o tristeza..?
Y siempre elijo LA ALEGRIA.»
Lucía Caso de los Cobos
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