Hablan los padres
La terrible soledad del corredor de fondo Alicia Rodríguez Díaz-Concha Estas palabras, pronunciadas por un
ponente en uno de los congresos sobre la superdotación, fueron las que nos motivaron a
luchar e intentar que nuestro hijo no se sintiera solo en su recorrido por la vida
ayudándole desde la familia, puesto que es ésta la que, en nuestra opinión, juega un
papel superior, al ser la primera unidad social de aprendizaje que tiene el niño; debe
constituir un único elemento educativo y servir de apoyo para su plena integración en la
sociedad. Desde el año 1991 hasta hoy, toda la familia nos colocamos en "la línea de salida" para realizar la "carrera" con el más pequeño de nuestra unidad familiar ¿Cómo? ¡Es fácil! 1º- Prestándole más atención (no es que antes fuera menor, que al ir adquiriendo autonomía se le ha ido dejando a su aire), no dejándole solo con sus cosas, aunque estuviera sumamente entretenido, participábamos en esas "sus cosas" que no eran sino su peculiar manera de jugar en solitario, motivándole a subir el listón y compartir con él sus intereses. Aunque esto supone para cada miembro de la familia dedicarle la mayor atención, de manera que esté acompañado el mayor tiempo posible por uno u otro. 2º- Captando sus necesidades. Una de las más importantes sería escucharle con la misma atención que prestaríamos a otros adultos y hacer que nos cuente sus impresiones, porque después de tantas horas de colegio tiene muchas; os diría más, muchísimas experiencias que contar. Los adultos pensamos o creemos que son insignificantes, pero ¡atención! si en el hogar no puede expresarse y en el colegio no le entienden, aparecerá la incomunicación o la soledad, que en algún momento de su vida puede originar, como en cualquier persona, fases depresivas que a veces pueden llegar a ser graves. En nuestra experiencia os podría contar que en estos años le hemos ido enseñando a vivir la vida, respetando a los demás y admitiéndoles como son, ayudándole a comprender (en su forma de pensar) por qué las personas tienen diferentes comportamientos (infantiles, injustos, etc.) enseñándole que siempre debe ayudar a los demás, aunque sin dejarse ser utilizado, logrando ser respetado por sus compañeros y apreciado por sus amigos. Él está seguro de que forma parte de su pequeña unidad social y está aprendiendo a encontrar su puesto en la sociedad, sin dejar de ser él mismo, conociendo "el tira y afloja" de la convivencia, aprendiendo de sus propios errores, pues todas las personas los cometen, con la diferencia de que a él antes le entristecían y ahora sabe afrontarlos. Lejos han quedado los días de las enfermedades somáticas o emocionales, creemos que en gran parte por nuestra labor en casa y, por otro lado, por la atención que se consiguió para él por parte del colegio -hoy en el instituto- siempre en actividades que no tuvieran techo de edades: música, informática, deporte... y desde el principio en la asociación AEST. |
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