Actividades
Cueva de "Los Enebralejos" (Prádena-Segovia), taller textil "San Pablo" y Pedraza
El pasado mes de junio, a primera hora de la mañana, partimos en autocar rumbo a la provincia de Segovia; el programa previsto par ael día era prometedor.
La primera parada, a 45 kms. de Segovia, nos permitió visitar la Cueva de "Los Enebralejos". Esta cueva fue utilizada en la prehistoria (Calcolítico-Bronce Antiguo, 2150-1850 a.C.) como necrópolis colectiva por el grupo hujano que habitó las inmediaciones. El recorrido comienza en la sala que da acceso a la cueva donde se encuentra la exposición de restos hallados en las investigaciones arqueológicas:
| Representación mediante figuras de los rituales de enterramiento. | |
| Pinturas/grabados en las paredes. | |
| Taller "interactivo" (molienda del grano, confección de vestidos y accesorios, fabricación de armas de caza, realización de utensilios en barro). |
Acompañados
por un guía especializado recorrimos los setecientos metros (de un total de 3.670) con un
frío y una humedad considerables. Por un sendero estrecho y resbaladizo nos fuimos
adentrando en la cueva, donde el espectáculo que se nos brindaba era impresionante. El
guía nos iba describiendo con viva emoción la formación de estalactitas y estalagmitas
con su gama de colores desde el blanco más puro o translúcido hasta el rojizo más
intenso producido por el óxido de hierro, pasando por marrones, verdes y azulados.
En las paredes de la gruta había un buen número de pinturas y grabados que
posiblemente estén relacionados con el carácter funerario del lugar.
Una vez fuera y recuperada la temperatura emprendimos la marcha hacia Prádena, antiguo pueblo de la sierra de Segovia conocido por ser descansadero de pastores trashumantes, para visitar el Taller Textil "San Pablo", uno de los pocos telares artesanales que quedan en España.
Ya en el taller, con infinita paciencia ante las repetidas preguntas de nuestros chicos y su necesidad de experimentar con todos los mecanismos, nos explicaron cómo se obtienen los tintes de las distintas plantas (botonera, gualda, cantueso, etc.) según la tonalidad deseada, los procesos por los que pasa la lana antes de comenzar con ella una labor (cardado, retorcido, etc.) Apreciamos la rueca, el cardador gigante de más de cien años, etc.
Llegó el momento de comer y para ello nos dirigimos al Parque Recreativo "El Chorro", donde bajo la espesa arboleda compartimos e intercambiamos las "viandas" que cada familia había preparado. Tras la comida el grupo se dispersó y unos pocos, los más intrépidos, emprendimos marcha ladera arriba para apreciar el origen del nombre del parque. Y a pesar del sofocón por tener que ir frenando a los jovenzuelos aventureros, la caminata mereció la pena por la belleza natural de lugar.
Ya de regreso se organizó de nuevo el grupo para acercarnos a Pedraza, donde paseamos en el entorno del castillo y sus callejuelas. Y, como no podemos visitar un pueblo sin apreciar sus dulces, el que más y el que menos hizo acopio de rosquillos, mantecados, etc. para degustar en el momento y para ofrecer de regreso a casa.
Ya oscurecido, y muy satisfechos de la jornada vivida, regresamos a Madrid.
Serafina García Castrosín
Visita a Cuenca y al Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha
Los chicos y chicas de Educación Secundaria de la AEST hicimos el pasado domingo día 14 de noviembre una visita al Museo de las Ciencias, y aprovechamos la ocasión para conocer la bella ciudad conquense.
Salimos a las 9:15 a.m. y, después de dos horas y media de viaje, que se acortaron gracias al divertido rato que pasamos tratando de adivinar el nombre del conductor (muy facilito: ocho letras y empieza por H... ejem...) y en las que dimos buena cuenta de los bollos, pastas, mantecados y coca-colas con las que celebramos el "cumple" de Benjamín, llegamos a la urbe. En ese momento, nuestro fabuloso conductor llamado ... ¡YA ESTÁ: HERMINIO!, tomó el papel de guía y nos mostró un pedacito de la preciosa Cuenca.
Después de habernos familiarizado un poco con la ciudad, aparcamos y nos
dispusimos a subir una cuesta gigantesca mirada por nuestros ojos y subida por nuestras
piernas. Al llegar a la cima, nos desviamos hacia la derecha (la puerta de la catedral), y
nos reunimos con nuestro anfitrión, D. Félix E. González Jiménez, profesor de nuestra
amiga Teresa, y después de presentárnoslo nos dirigimos al Museo. Ya allí, contemplamos
algunas de las joyas encontradas por esos parajes, que se exhibían bajo nuestros pies
protegidas por un cristal muy resistente. Había muchos objetos apasionantes en esa
sala... ¡y todavía no habíamos entrado al Museo propiamente dicho! Dentro del Museo
vimos una compleja "Máquina del Tiempo" compuesta por bolas de metal, que se
movían a un ritmo constante y hacían un recorrido por los grandes inventos, desde el Tornillo
de Arquímedes (diseñado para sacar agua) hasta los de nuestros días. La compleja
máquina movía un reloj, mo mejor dicho, tres: uno indicaba la hora, otro la estación en
la que nos encontrábamos, y el último la posición de la luna para nuestros ojos.
Después pasamos a una sala que era un simulador en el que nos trasladábamos
desde nuestros días al Big Bang. La bióloga Mª Teresa Prieto nos ilustró a través de
sus amplias explicaciones. Tras una rápida visita a la siguiente sala, en la que nos
mostraron los secretos de la evolución, el interior de la Tierra y la explicación de la
influencia de los movimientos interiores de ésta en la superficie, nos trasladaron al
Planetario del Museo, en el que nos indicaron las diferentes constelaciones, centrándose
especialmente en las del Zodíaco.
Ibamos a abandonar esta sala cuando Félix nos indicó que permaneciéramos en ella. Instantes después, el astrofísico José Mª Sánchez Martínez se ofreció a atender y responder toda clase de preguntas que sobre este tema quisiéramos plantearle. Para mí, este fue el momento más hermoso de todo el día, ya que José Mª no se enfadaba cuando le preguntábamos cosas que no sabía responder, como hacen algunos profesores en nuestros colegios, sino que admitía humildemente que no conocía la respuesta; momento en el que Félix tomaba la palabra, contestándonos más ampliamente. En esta sala me di cuenta de que Félix tiene unos conocimientos impresionantes y que no le importa compartirlos con los demás, lo que indica que es una persona generosa pues, por extraño que parezca, hay personas que por egoísmo o por otras razones no les gusta enseñar lo que saben y prefieren guardar sus conocimientos y que éstos mueran con ellos.
Las preguntas se alargaron hasta que tuvimos que cambiar de sitio para que pudiera comenzar la siguiente sesión del Planetario, así que fuimos a una sala que había sido diseñada por Félix, donde nos hizo un pequeño resumen sobre la vida y las teorías de algunos de los científicos más importantes de todos los tiempos. Después nos dimos cuenta de que el tiempo había pasado tan deprisa que ya nos teníamos que marchar, y faltaba por ver la mitad del museo, pero nos invitaron a volver para completar la visita y a "asomarnos" a Internet desde sus instalaciones informáticas, cosa que aceptamos encantados y que ya se está estudiando.
Salimos del museo y dimos una vuelta por Cuenca, las casas colgantes, etc. Volvimos al autocar para ir a comer a un colegio universitario. Pasada la comida y el tiempo libre que nos dejaron para pasear por la ciudad, volvimos al autocar y salimos hacia Madrid a las 6:30 p.m.
El viaje de vuelta se hizo también muy entretenido, incluida la parada que hicimos en Tarancón para comprarle unos "regalitos cutres" a nuestro colega del cumple (impermeable, cubo Rubik, yoyó... TODO JOYAS DE VALOR), y a las 8:30 p.m. llegamos a la capital.
Esta es una experiencia fabulosa. En mi opinión, se deberían repetir salidas de esta naturaleza y, por supuesto, volver al museo a ver el resto de las salas.
Antonio Alarcos Olivares
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