Cartas a la Asociación
Nuestra hija es mayor de edad, pero nuestro cariño y respeto por ella no cambian. Ahora estamos viviendo momentos de crisis y, tratando de encontrar soluciones, conocimos AEST. Aquí se nos dio apoyo, COMPRENSIÓN e incluso cariño. Nuestro problema sigue, pero sentimos cierta tranquilidad al comprobar que nuestras ideas coinciden en gran medida con las del experto (psicopedagoga).
Nos costó llamar a AEST; era una mezcla de vergüenza, miedo, timidez... pero pudo más el deseo de buscar soluciones que el temor. Nos sorprendió la humanidad de las personas y el trato recibido, además de la poca importancia que dan a la remuneración económica. Pensamos que este tipo de asociaciones suponen una gran ayuda para padres que empiezan, en cuanto a orientación y formación, y, por supuesto, para los niños.
Damos por hecho que todos los padres quieren a sus hijos, pero las relaciones con estos niños especiales son más intensas desde que nacen; demandan una atención especial y casi sin darnos cuenta nos absorbe por completo su educación, quedando en un segundo plano todo lo demás. No existe la perfección, pero sí el sentimiento de la tarea bien hecha. Cuando se ha dado tanto con absoluta entrega y máxima honradez, las crisis sólo pueden ser etapas madurativas y de crecimiento para todos.
Unos padres.
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