Hablan los profesores
Carta aparecida en el nª 247 (octubre de 1999) de la revista "Padres y Maestros", cedida a "LA ESTACIÓN" para su publicación.
Carta a un alumno
Ante todo perdona que omita tu nombre, pero creo que es mucho mejor así. Cuando te conocí, hace ya cuatro años, no sabía nada de los niños como tú. En un año todos mis esquemas como maestra (ya llevo veinte años de práctica docente) han cambiado. Estaba acostumbrada a niños traviesos, imaginativos, niños con buen rendimiento, niños con rendimiento irregular, incluso niños con fracaso escolar. También, cómo no, niños deficientes integrados en un aula. Pero llegaste tú con un aire de inseguridad, de inocencia, con unas ganas tremendas de que se te comprendiera, y todo cambió. ¿Por qué? Porque eres un niño normal con una pequeña diferencia: tienes un cociente de inteligencia superior a los demás. Esto dicho así puede provocar risa, incluso envidia. ¿A qué profesor no le gustaría tener una clase con niños inteligentísimos? ¿A qué padre no le gustaría que sus hijos fuesen de alta capacidad? Pero no es así, ¿verdad? Este mundo es injusto y niños como tú, que leen a una edad muy temprana, que suman y restan intuitivamente, que tienen intereses culturales que no son normales en los niños de su edad, no son comprendidos ni por los padres, ni por los maestros, ni por las instituciones. Niños como tú, con unas necesidades educativas especiales, están siendo reconocidos y ayudados ahora. Pero nos queda mucho camino por andar.
Yo sé, querido alumno, que tu caso no es extremo, que tus padres te
entienden y te ayudan, que tus compañeros te comprenden y valoran, que tus profesores han
aprendido a tratarte, a estimularte y valorarte. Pero aún quedan muchas cosas que lograr.
Cada vez hay más personas que se interesan y se informan sobre las
características de niños como tú; que saben que podéis fracasar, y esto es una pena
porque poseéis conocimientos generales muy amplios, tenéis una gran curiosidad y sois
realmente muy observadores; en lo que os gusta sois muy perfeccionistas a la vez que
imaginativos y fantasiosos; preferís hablar que escribir, pues es mucho más rápido;
planteáis preguntas inquisitivas y muchas veces os preocupan problemas de adultos; pero
cuando algo no os interesa o ya lo habéis captado dejáis de prestar atención, llegando
a distraer, incluso, a los compañeros. Vuestro sentido del humor es muy acentuado: agudo
e incluso corrosivo cuando os sentís incomprendidos. Es así, ¿no?
Bueno, querido alumno, no estáis solos. Poco a poco nos hemos ido
conociendo padres de distintos puntos: Galicia, Valencia, Valladolid, Madrid, Barcelona...
Ya contamos con especialistas de la Xunta, del MEC, de la Generalitat, y estáis siendo
atendidos en colaboración con los Equipos de Orientación, los tutores y los profesores
de los colegios.
No puedo olvidar en esta labor a tus padres, que como muchos otros pasaron
épocas malas. Necesitaron tiempo, y aún lo necesitan, para asimilar lo que significa
tener una capacidad superior y adaptarse al sistema educativo que os toca vivir.
Pero no quiero acabar esta carta sin agradecerte el camino que me has abierto, el camino de los niños de Altas Capacidades, el camino que me permitió reconocer a otro niño como tú en el colegio, el camino que me ha hecho replantear la educación de mis alumnos y de mis propios hijos.
Pilar Chouciño
![]()